Cosechar sin margen: El balance de un cereal ahogado por la burocracia, los costes y los precios bajos

Con las cosechadoras guardando los últimos peines en las naves de la Alcarria, la Mancha y la Sierra Conquense, la campaña de cereal 2026 echa el cierre definitivo en la provincia. Una cosecha del cereal en Cuenca que estará marcada en la memoria del sector no solo por las cuentas que no cuadran, sino por el desgaste psicológico y operativo que ha supuesto cosechar bajo la amenaza constante de las restricciones del IPP.

Desde despachos alejados del suelo que pisamos se nos ha pretendido señalar a menudo con el dedo, pero la realidad del campo es indiscutible: el agricultor es el primer interesado en evitar un incendio. Nadie cuida la tierra como quien vive de ella. Ver arder una parcela no solo supone perder el sustento de todo un año de trabajo duro y miles de euros invertidos en insumos; supone arriesgar la maquinaria que sostiene a nuestras familias y poner en peligro a nuestros propios vecinos.

Nadie sale a cosechar sin extremar las precauciones, porque el riesgo lo asumimos nosotros, no el burocrata que firma la prohibición.

Del cortafuegos real al bloqueo de las cosechadoras

A pesar de que el sector agrario ha demostrado históricamente ser el verdadero «escudo verde» del mundo rural —actuando como retenes de emergencia inmediatos y creando cortafuegos con sus propios tractores—, la gestión de las alertas por altas temperaturas ha vuelto a traducirse en parones forzosos y bloqueos de maquinaria en el momento más crítico.

Retrasar la siega cuando el grano está maduro por un exceso de celo normativo no evita incendios: expone la cosecha al pedrisco, al viento y al desgranado. Y lo peor es que, cuando por fin se ha podido entrar a la finca, la recompensa económica ha sido nula.

La tijera de costes que ahoga la rentabilidad

Meter el grano en el almacén tras superar todas las trabas administrativas no ha garantizado la viabilidad de la explotación. La matemática de esta campaña es implacable:

  • Insumos por las nubes: Los abonos, las semillas certificadas y el gasóleo agrícola han mantenido precios desorbitados durante toda la sementera y la siega.
  • Sobreendeudamiento: Las vías de financiación prometidas por las administraciones han terminado por convertirse en una trampa de deuda para muchas explotaciones que necesitaban liquidez urgente.
  • Precios en origen congelados: Mientras producir cuesta hoy mucho más, las cotizaciones en las lonjas continúan en niveles ridículos que no cubren los costes reales de producción, vulnerando en la práctica la Ley de la Cadena Alimentaria.

La urgencia de soluciones reales

Desde el Sindicato Independiente Agropecuario de Cuenca (SIAC) volvemos a exigir a las administraciones autonómicas y nacionales un cambio de rumbo basado en el sentido común:

  1. Confianza en el sector y flexibilidad en la prevención: Menos prohibiciones absolutas e indiscriminadas y más respaldo a la labor preventiva y de auxilio que los agricultores realizan en el territorio.
  2. Garantía de precios justos: Controles efectivos para que no se venda por debajo del coste de producción.
  3. Fiscalidad de emergencia: Rebajas urgentes en el IRPF y los módulos agrícolas para amortiguar el impacto inflacionario en los costes de explotación.

Guardamos la cosecha, pero la incertidumbre se queda en nuestras tierras. Si la administración prefiere perseguir al agricultor en lugar de proteger su rentabilidad y reconocer su papel en el medio ambiente, el futuro de los pueblos de Cuenca estará seriamente amenazado.

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