Cualquier empresa que venda sus productos por debajo de lo que le cuesta fabricarlos está condenada a la quiebra. Es una regla básica de la economía. Sin embargo, a los agricultores y ganaderos de nuestra provincia se nos exige saltarnos esta regla a diario. Desde SIAC Cuenca, queremos aprovechar este espacio para denunciar una situación que ya no da más de sí: la asfixia económica que supone la venta a pérdidas.
Nos levantamos cada madrugada para trabajar nuestras tierras y cuidar de nuestro ganado. Producimos alimentos de máxima calidad —ya hablemos de nuestro cereal, el girasol, el viñedo o el ajo—, pero cuando llega el momento de vender nuestro producto, la recompensa es la ruina.
Las cuentas que ahogan al campo
En los últimos años, hemos visto cómo los costes de producción se han multiplicado hasta niveles históricos. Todo ha subido:
- El gasoil agrícola para nuestros tractores.
- Los fertilizantes y fitosanitarios, indispensables para mantener la sanidad y el rendimiento de nuestros cultivos.
- La electricidad para el riego.
- Las semillas y los piensos.
Y mientras nuestros gastos fijos se disparan, los precios que recibimos en origen por nuestras cosechas siguen estancados o caen bajo la presión de las grandes distribuidoras e intermediarios. Cuando vamos a ver el precio final de nuestros productos en el lineal del supermercado, la diferencia es insultante.
La ecuación es sencilla y demoledora: Insumos por las nubes + Precios de miseria = Ruina y cierre de explotaciones.
Ley de la Cadena Alimentaria: ¿Papel mojado?
En teoría, tenemos una herramienta para defendernos: la Ley de la Cadena Alimentaria, que prohíbe de forma explícita la venta a pérdidas, garantizando que ningún agricultor cobre por debajo de sus costes efectivos de producción. Pero la realidad a pie de campo es que esta normativa se incumple sistemáticamente.
Nos encontramos con contratos abusivos, falta de transparencia y una dolorosa pasividad por parte de las administraciones a la hora de inspeccionar y sancionar a los que se saltan las reglas. Una ley sin vigilancia ni castigos ejemplares es inútil frente a los eslabones más fuertes de la cadena comercial.
Qué exigimos desde SIAC Cuenca
No pedimos vivir de subvenciones ni queremos que nos regalen nada. Lo único que reivindicamos es rentabilidad y dignidad por nuestro trabajo. Para lograrlo, exigimos medidas urgentes y reales:
- Inspecciones de oficio: La administración no puede esperar a que el agricultor denuncie por miedo a represalias comerciales. Se deben revisar los contratos de compraventa de forma activa.
- Sanciones disuasorias: Quien fuerce la venta a pérdidas o imponga precios ruinosos debe pagar multas que realmente le quiten las ganas de volver a abusar del productor.
- Control de márgenes: Exigimos transparencia total. El consumidor merece saber qué porcentaje del precio final se queda en manos de la gran distribución y qué miseria llega al agricultor.
- Cláusulas Espejo: Es imposible competir si entra producto de terceros países tratado con fitosanitarios prohibidos aquí o producido sin las garantías sociolaborales que nosotros sí (y con orgullo) cumplimos. Mismas reglas para todos.
Sin campo, no hay futuro para Cuenca
Si permitimos que los agricultores y ganaderos de Cuenca sigan perdiendo dinero por trabajar, nuestras explotaciones cerrarán, nuestros pueblos se vaciarán definitivamente y la soberanía alimentaria de todos quedará en manos de cuatro multinacionales de fuera.
En SIAC Cuenca vamos a seguir dando la cara y peleando para que producir alimentos sea una forma de ganarse la vida con dignidad, y no un camino hacia la ruina.


